Las recientes crecidas y anegamientos registrados en zonas de Salta encendieron la alerta sanitaria y motivaron la difusión de recomendaciones destinadas a proteger la salud de la población. Especialistas remarcan que este tipo de situaciones incrementa la posibilidad de contraer enfermedades vinculadas al agua contaminada, alimentos en mal estado y contacto con ambientes insalubres.

Entre los cuadros que pueden presentarse con mayor frecuencia figuran infecciones gastrointestinales, hepatitis A, leptospirosis y otras afecciones provocadas por bacterias y parásitos. También existe riesgo de lesiones físicas debido a objetos ocultos bajo el agua o superficies inestables.
Uno de los puntos centrales es garantizar el consumo de agua segura. Cuando no se dispone de red potable, se aconseja hervirla durante algunos minutos, desinfectarla con lavandina apta o utilizar métodos de potabilización. En cuanto a los alimentos, se recomienda evitar los crudos, lavar cuidadosamente frutas y verduras y mantener la basura en recipientes cerrados.

La higiene personal es otra medida clave: lavarse las manos con frecuencia, especialmente antes de comer y después de ir al baño, reduce significativamente el riesgo de contagios. En el caso de los niños, se insiste en impedir que jueguen en zonas inundadas o con barro acumulado.
Además, se advierte que las inundaciones favorecen la presencia de roedores y otros animales, lo que puede derivar en picaduras o transmisión de enfermedades. Por eso se aconseja usar botas y guantes si es necesario ingresar a áreas anegadas, cubrir heridas y evitar el contacto con animales muertos.
Ante cualquier síntoma, herida o malestar posterior a la exposición al agua de inundación, se recomienda acudir a un centro de salud y evitar la automedicación. Estas acciones preventivas son fundamentales para reducir complicaciones y proteger a la comunidad en contextos climáticos adversos.
