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Vaqueros: cuando la política se convierte en un juego de cargos


La crisis institucional que atraviesa hoy el municipio de Vaqueros no nació de un día para otro. Es la consecuencia directa de una forma de hacer política que, lamentablemente, se ha vuelto demasiado habitual: dirigentes que utilizan los cargos públicos como escalones personales y no como responsabilidades frente a la comunidad.


Durante años, Daniel Moreno fue intendente de Vaqueros. Gobernó el municipio durante varios períodos consecutivos y acumuló poder político en la zona. Sin embargo, cuando llegó el momento de renovar mandatos, decidió presentarse también como candidato a senador provincial por el departamento La Caldera. Ganó ese cargo y, en consecuencia, renunció a la intendencia que había obtenido en las urnas.


La pregunta que surge es inevitable: ¿es ético presentarse simultáneamente para dos cargos, sabiendo que uno de los dos será abandonado?
Desde el punto de vista legal puede ser posible. Pero desde el punto de vista político y moral, el debate es inevitable. Porque lo que ocurrió después demuestra con claridad el problema de fondo.


La renuncia del intendente electo abrió un escenario institucional complejo. Asumió interinamente quien presidía el Concejo Deliberante y luego el propio cuerpo legislativo eligió nuevas autoridades. Esa decisión generó un conflicto de poderes que terminó en la Justicia.

La Corte de Justicia de Salta acaba de rechazar una medida cautelar presentada en ese marco, pero el fondo del problema sigue siendo el mismo: hoy en Vaqueros ni siquiera está claro para muchos vecinos quién conduce efectivamente el municipio.


Pero hay un dato político que agrava aún más el panorama.
La concejal Andrea Salvatierra, que fue elegida como nueva presidenta del Concejo Deliberante y que podría quedar al frente del Ejecutivo municipal en este contexto, tiene la venia morenistica del excelentísimo máster of the universo exintendente.


Es decir, el dirigente que gobernó Vaqueros durante años, que renunció a la intendencia para asumir como senador provincial y que dejó al municipio en medio de esta crisis institucional, sigue teniendo influencia directa en la estructura política local.


En los hechos, muchos vecinos sienten que el poder en Vaqueros no cambió realmente de manos.
Moreno ya no es intendente, pero ahora es senador de todo el departamento La Caldera.
La pregunta entonces vuelve a aparecer con fuerza:
¿hubo realmente un cambio en la conducción del municipio o simplemente una reorganización del mismo poder?


Mientras la política discute cargos, interpretaciones legales y disputas institucionales, Vaqueros sigue teniendo los mismos problemas de siempre.
Calles destruidas, dificultades con el acceso al agua, servicios que no llegan como deberían y una obra clave como el puente de acceso prometido desde hace años que todavía sigue en veremos.


Vaqueros viene arrastrando un deterioro evidente y la crisis institucional solo profundiza esa sensación de abandono.


Pero además hay otro problema que también merece ser señalado. Las decisiones que hoy impactan en la conducción del municipio están en manos de dirigentes que la mayoría de los vecinos ni siquiera identifica. No fueron elegidos por la comunidad para gobernar el municipio, sino para ocupar una banca en el Concejo Deliberante. Sin embargo, producto de este enredo institucional, terminan teniendo en sus manos decisiones que afectan el rumbo del Ejecutivo municipal.


Y entonces la pregunta vuelve a aparecer.
¿Hasta qué punto es justo para los vecinos de Vaqueros que quienes fueron elegidos para gobernar abandonen su cargo a mitad de camino?
¿Hasta qué punto es responsable dejar un municipio en medio de una disputa institucional?
¿Y hasta qué punto la política puede seguir funcionando con esta lógica sin pagar ningún costo?


Vaqueros no necesita más conflictos de poder ni disputas judiciales. Necesita gestión, obras y una conducción clara.
Pero sobre todo necesita algo que en la política argentina parece cada vez más escaso: responsabilidad con el mandato que la gente vota.


Porque cuando un dirigente decide priorizar su carrera personal por encima de la estabilidad institucional de un municipio, los que terminan pagando el costo no son los políticos.
Son los vecinos.