El conjunto europeo, que viene de eliminar a Colombia por penales, será el rival de la Scaloneta en los cuartos de final. Sus principales figuras, la forma de jugar, sus fortalezas y los puntos débiles que puede aprovechar Argentina.
La Selección Argentina ya dejó atrás la clasificación ante Egipto y comienza a enfocarse en su próximo desafío en el Mundial. En los cuartos de final aparecerá Suiza, un rival conocido, experimentado y acostumbrado a competir en instancias decisivas.
El enfrentamiento inevitablemente trae el recuerdo del Mundial de Brasil 2014. En aquella oportunidad, Argentina y Suiza se cruzaron por los octavos de final y el partido se definió recién a los 118 minutos del tiempo suplementario, cuando Ángel Di María marcó el gol que le dio la clasificación al equipo albiceleste.
De aquel encuentro, Lionel Messi es el único futbolista que permanece en la Selección Argentina.
En el conjunto europeo continúan Granit Xhaka y Ricardo Rodríguez, quienes todavía son titulares y ocupan lugares importantes dentro del equipo. Ambos ya disputaron cuatro Copas del Mundo juntos.
Un equipo equilibrado y competitivo
Suiza es dirigida por Murat Yakin y llega a esta instancia después de eliminar a Colombia mediante una definición por penales, tras un partido cerrado, disputado y con pocas situaciones claras.
El seleccionado europeo tuvo un comienzo irregular en el torneo. En su debut igualó ante Qatar y evidenció problemas para convertir, pero con el correr de los partidos fue mejorando su rendimiento y fortaleciendo su funcionamiento colectivo.
Ahora tendrá uno de los desafíos más importantes de su historia: intentar derrotar por primera vez a la vigente campeona del mundo.
Suiza no es una selección que se caracterice por un fútbol deslumbrante, pero sí por ser pragmática, ordenada, equilibrada y muy competitiva. Es uno de esos equipos que, sin llamar demasiado la atención, suele encontrar la manera de avanzar y llegar a las fases eliminatorias de los grandes torneos.
Xhaka, el cerebro del mediocampo
La principal figura futbolística de Suiza es Granit Xhaka.
El mediocampista es el encargado de manejar los tiempos, decidir hacia dónde debe circular la pelota y organizar el funcionamiento del equipo desde el centro del campo.
Xhaka suele ser el primer pase durante la construcción del juego. A su lado aparece Remo Freuler, un futbolista con menos influencia creativa, pero con un importante despliegue físico.
La tarea de Freuler le permite a Xhaka adelantarse algunos metros, encontrar mayores libertades y participar con más frecuencia en las acciones ofensivas.
Una salida limpia desde el fondo
Suiza intenta jugar desde abajo y cuenta con defensores preparados para iniciar los ataques. Manuel Akanji y Nico Elvedi, sus dos centrales, tienen buen manejo de pelota y son los primeros responsables de la circulación.
Akanji, defensor del Inter de Milán, posee una virtud especialmente peligrosa: puede romper líneas con pases verticales desde el fondo y dejar a sus compañeros en condiciones favorables para atacar.
Esa capacidad obliga a Argentina a prestar atención no solamente a los mediocampistas suizos, sino también a la forma en la que sus defensores construyen las jugadas desde el inicio.
El peligro aparece por las bandas
Aunque Suiza intenta elaborar por el centro, sus ataques más peligrosos suelen finalizar por los costados. El equipo busca generar espacios internamente para luego abrir la cancha y aprovechar la velocidad de sus extremos.
Rubén Vargas y Dan Ndoye son los jugadores que habitualmente ocupan las bandas. Ambos son rápidos, agresivos en el uno contra uno y suelen recibir el apoyo de los laterales.
Este aspecto aparece como una de las principales preocupaciones para Argentina, que durante el Mundial mostró algunos problemas defensivos precisamente por los costados.
Las bandas representan, entonces, uno de los grandes puntos de atención del encuentro: una de las principales virtudes de Suiza coincide con una zona en la que la Selección dejó espacios y sufrió en partidos anteriores.
Embolo, referencia ofensiva
En el centro del ataque aparece Breel Embolo, un delantero corpulento que se destaca por jugar de espaldas, proteger la pelota y servir de apoyo para los futbolistas que llegan desde atrás.
Embolo funciona como referencia ofensiva y suele descargar para los extremos o mediocampistas que acompañan las jugadas.
Sin embargo, Suiza tendrá una ausencia importante. Johan Manzambi continúa recuperándose de una contusión en la rodilla y no podrá estar disponible.
El joven futbolista del Friburgo era una de las piezas más desequilibrantes del equipo. Se movía con libertad por detrás del centrodelantero y aparecía en diferentes sectores para generar superioridad numérica.
Manzambi acumulaba tres goles y dos asistencias durante el Mundial. Su verticalidad, capacidad de ruptura y claridad para asociarse lo habían convertido en una de las grandes revelaciones ofensivas del seleccionado europeo.
Su ausencia representa una pérdida considerable para Suiza y, al mismo tiempo, una noticia favorable para Argentina.
Orden defensivo y contraataque
A la hora de defender, Suiza suele posicionarse en un bloque medio. No es una selección que presione constantemente cerca del área rival ni que intente recuperar la pelota mediante una presión asfixiante.
Murat Yakin prioriza el orden defensivo y busca que el equipo se mantenga compacto para, después de recuperar, atacar rápidamente mediante transiciones.
En ese escenario, Suiza se siente cómoda. Cuando dispone de espacios y puede correr hacia el arco contrario, logra explotar la velocidad de sus extremos y la capacidad de Embolo para sostener la pelota.
Por el contrario, cuando debe asumir el protagonismo y atacar a un rival replegado, suele tener dificultades.
En varios momentos del Mundial mostró posesiones previsibles, poca creatividad y problemas para generar situaciones claras.
Suiza es mucho más peligrosa cuando encuentra espacios que cuando tiene que construir ataques frente a defensas cerradas.
El plan que podría utilizar ante Argentina
Todo indica que el conjunto europeo podría esperar a la Selección Argentina y buscar atacarla de contraataque.
Varios rivales complicaron al equipo de Lionel Scaloni utilizando transiciones rápidas y aprovechando los espacios que quedan cuando Argentina adelanta sus líneas y acumula jugadores en campo contrario.
El seleccionado argentino mejoró considerablemente en relación con su partido ante Cabo Verde, pero todavía mostró algunos inconvenientes defensivos cuando quedó volcado sobre el terreno rival.
Además, los adversarios comenzaron a encontrar una forma de dificultar la circulación argentina: bloquear el centro del campo, lugar por el que pasa gran parte del juego de la Scaloneta.
Los mediocampistas argentinos tienen características creativas y capacidad para jugar como enganches. Cuando los rivales cierran los espacios interiores, el equipo debe recurrir a otras variantes.
Entre esas alternativas aparecen los pases largos para las proyecciones de los laterales, especialmente Nicolás Tagliafico; las pelotas por encima de los defensores para aprovechar los movimientos de Messi a espaldas de los centrales; y los centros al área para intentar lastimar mediante el juego aéreo.
Los puntos débiles de Suiza
Aunque es una selección ordenada, Suiza también tiene aspectos que Argentina puede aprovechar.
Sus defensores centrales no siempre se sienten cómodos cuando deben correr hacia su propio arco. El equipo suele tener dificultades para replegar rápidamente y puede dejar espacios a espaldas de Akanji y Elvedi.
Argentina podría intentar atraer la presión suiza y acelerar inmediatamente después de superar la primera línea.
En ese escenario serán importantes los movimientos de Julián Álvarez o Lautaro Martínez, quienes pueden atacar los espacios entre los centrales y la última línea defensiva.
También será fundamental la precisión de los mediocampistas argentinos. Alexis Mac Allister, Enzo Fernández y Leandro Paredes cuentan con la capacidad técnica para detectar esos huecos y colocar pases profundos.
Y, por supuesto, Argentina tiene a Lionel Messi, capaz de encontrar una asistencia incluso cuando los caminos parecen completamente cerrados.
Equilibrio para no sufrir los contraataques
Uno de los puntos tácticos más importantes será la participación de los laterales argentinos.
Deberán interpretar correctamente cuándo avanzar y cuándo permanecer en posición defensiva. Suiza puede conceder espacios, pero también es capaz de castigar rápidamente cualquier desorden mediante sus extremos.
Argentina necesitará atacar con paciencia y decisión, pero sin perder el equilibrio. El desafío será generar peligro sin ofrecerle al rival el escenario que más disfruta: recuperar la pelota y avanzar con velocidad hacia una defensa desacomodada.
La pelota parada, otra alternativa
El juego aéreo también puede convertirse en una herramienta importante.
Cuando Argentina no logra encontrar espacios mediante el juego asociado, la pelota parada aparece como una variante capaz de destrabar partidos cerrados.
La Selección ya consiguió lastimar por esa vía durante el Mundial y podría volver a recurrir a los tiros libres, los córners y los centros al área ante una defensa suiza que seguramente intentará proteger el sector central.
Un nuevo capítulo para la Scaloneta
Cada partido de la Copa del Mundo presenta desafíos diferentes. Suiza ofrecerá orden, experiencia, juego directo y velocidad por las bandas.
Argentina deberá encontrar una manera de controlar a Xhaka, evitar las transiciones rápidas y aprovechar los espacios que puede dejar la defensa europea cuando debe retroceder.
El partido también tendrá una carga emocional especial. Puede ser el último encuentro de Lionel Messi con la camiseta argentina en un Mundial o, en caso de que la Selección continúe avanzando, el antepenúltimo.
Las lágrimas del capitán después de la clasificación ante Egipto mostraron la dimensión humana de un futbolista que sabe que cada partido puede representar uno de los últimos capítulos de su historia mundialista.
Argentina volverá a jugarse su continuidad ante un rival incómodo y competitivo. Los nombres, los escenarios y los adversarios cambian, pero la Selección buscará sostener la identidad que construyó durante los últimos años: entrega, rebeldía y competencia hasta el último minuto.
